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'A mis enemigos los escojo yo'

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Cristo Álvarez Luna.
Cristo Álvarez Luna.

Después de siete años en el cargo, Cristo Álvarez Luna deja la Dirección  Seccional de la Administración de Justicia de Sucre este 31 de diciembre. 

¿Es un retiro voluntario u obligatorio?

La Rama Judicial tiene unos criterios muy claros en términos del tiempo en que debemos estar los servidores judiciales al servicio de ella. Y ya voy a cumplir la edad de jubilación y en tal sentido debo retirarme del cargo.

Le ha ido muy bien en el ejercicio de sus funciones, pero también se le distingue como alguien que genera escozor. De hecho acaba de tener un encontronazo con el personero de Sucre a quien tildó de personaje oscuro…

Voy a empezar por lo último. Hay una frase preciosísima de un escritor español que dice "A mis enemigos, como a los amigos, los escojo yo". No tiene dimensión el personero de Sucre para ser mi enemigo ni mi contradictor. Dije que era un oscuro personaje y lo voy a ratificar.

¿Por qué?

Porque ese señor en vez de estar procurando por el bienestar de la comunidad o del municipio se dedicó a oponerse a la restauración del edificio de Sucre (Sucre), que quedó lindísimo. ¿Por qué razón? Porque no lo dejé hacer política con esa restauración. A los funcionarios judiciales nos está vedado hacer política y mucho menos aceptar que otros hagan política. El señor se molestó porque él es un político y no permito que se haga política con la Rama Judicial.

Y ahora sí voy a contestar lo otro: Llegué aquí seguro de que ya estaba en el ocaso de mi actividad laboral, entre comillas, porque me siento mental y físicamente muy capaz de realizar muchas cosas. Volví a mi tierra después de 42 años viviendo en la capital de la República, en distintas actividades, y en el exterior gerenciando empresas del sector privado y en otras ocasiones en el sector público. Se me ofreció la oportunidad de venir a Sincelejo y volví satisfecho, pero me encontré con una tristeza.

¿Cuál?

Que nuestra seccional de Sucre era la peor del país.

¿En qué sentido?

En todos los sentidos. Porque había sido manejada por políticos. Y aquí había una crisis de valores total. No se hacía gestión, los empleados, mis compañeros, estaban totalmente desanimados, porque no había un liderazgo que los condujera a que se hicieran cosas. Eso me puso a pensar y delineé mi actividad bajo tres principios: motivar a mi gente a que la Rama Judicial es importante. Hoy tenemos una gente motivada, satisfecha, colaboradora.

¿Y los otros dos?

Después me dediqué a hacer gestión sobre la parte financiera que estaba siendo muy cuestionada en Bogotá. El presupuesto no se ejecutaba, había desgreño administrativo, se devolvían los recursos en una región que adolece de tantas necesidades y, por último, empecé a ejecutar la acción más importante: dotar a los jueces y magistrados de unas condiciones de trabajo óptimas para que puedan prestar un buen servicio de justicia.

Poner la casa en orden ¿le generó malestar con algunos sectores?

Dentro de la Rama Judicial no. Llegué aquí sin ningún compromiso de ninguna naturaleza, vine aquí a trabajar y a fe que me voy satisfecho con lo logrado. No fue fácil porque había que crear una cultura de cambio. La cultura de cambio generalmente causa escozor en mucha gente, sobre todo cuando no hay esa cultura. Y empecé a organizar todo lo que había, porque aquí había un caos absoluto. La gente entraba a cualquier hora de día y de noche a los despachos judiciales. Eso no está bien. 

¿Qué sectores se sintieron 'tocados' con sus cambios?

Notablemente los servidores públicos que no estaban acostumbrados a eso. Persistimos en que había que crear una ética pública de la administración de justicia en el departamento de Sucre que no existía. Y la ética no solo se traduce en el trato con el semejante, sino en que hay que cuidar los recursos que se ponen al servicio de esos funcionarios. Eso también crea escozor.  Y en el último punto, dotar a los despachos judiciales de condiciones óptimas, lo logramos en extremo. 

Mejoró 16 edificaciones judiciales…

Hoy Sucre tiene la mejor infraestructura judicial de la Costa Atlántica y de muchas partes del país. Cuando llegué encontré despachos judiciales en donde se mataban serpientes y donde los jueces se sentaban en un tablón con unos ladrillos. No había equipos de cómputo, no había comunicaciones


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