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Alejandro Arrieta, del árbol al cementerio

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Un joven se encontró con el cadáver de Alejandro Arrieta (foto derecha) y una nota que decía:
Un joven se encontró con el cadáver de Alejandro Arrieta (foto derecha) y una nota que decía: "De aquí al cementerio".

Si el adulto mayor Alejandro Arrieta Mendoza hubiera adivinado lo mucho que hoy lo extrañan sus diez hijos y sus nietos por esa alegría que irradiaba cuando se ponía juguetón, quizás no hubiera tomado la decisión de colgar su vida de un árbol en la antigua finca Villa Luz, límites entre San Pedro y la vereda Santa Isabel. 

Cuentan allegados que a eso de las 5:40 de la tarde del pasado lunes festivo, Arrieta, de 82 años, salió montado en un burro de la parcela de un amigo, al que le dijo que iba para San Pedro. Avanzó unos 800 metros. Al llegar a un árbol de mamón amarró a su eterno compañero de andanzas. El animal fue el único que presenció la manera como Arrieta elevó su vida hasta la parte alta del árbol para luego descolgarla de tajo. 

Brayan Quinchía, su nieto, sospecha que su abuelo tuvo algo que lo agobiaba, pero la causa de ese dolor se lo llevó a la tumba. No quiso incomodar a nadie con sus preocupaciones. 

Campesino siempre 

Quinchía contó que Arrieta llevaba unos diez años ordeñando vacas y cultivando productos del campo en la parcela que un amigo le prestaba. Todo su vida la dedicó al campo. Quinchía no olvidará que al finalizar las tardes todos los nietos esperaban al abuelo para que les compartiera patilla, mango, maíz y ciruelas que traía de la finquita que alguna vez tuvo, pero que por cosas de la vida, luego vendió. 

 Arrieta vivía con su mujer y una hija en la carrera 9 del barrio Primero de Mayo, de San Pedro. 


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