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Cavernarios modernos

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Cavernarios modernos

Por Samuel Morales Turizo. En los barrios marginados de las grandes urbes y ciudades intermedias, en estos sitios llenos de pobreza es donde se origina la delincuencia juvenil. Los años significativos de formación de los adolescentes tienen dos etapas de socialización fundamentales: la familia y la vida escolar.

Las pandillas juveniles son una expresión de ruptura del tejido social y la vida de los individuos en sociedad. El país está alarmado por el aumento progresivo de estas bandas delictuosas. He oído hablar en las universidades, en las esquinas, en las plazas de mercados, en los centros comerciales y he observado en la prensa, en la televisión, sobre los delitos que a diario se cometen, matando a personas inocentes en los enfrentamientos entre pandillas. 

Este fenómeno de la juventud es realmente complejo, constituye una problemática global en tanto que trasciende las fronteras.

Actualmente es compartida por un considerable número de países con elementos comunes que la caracterizan y algunos riesgos que le diferencian. Así, por ejemplo, se pueden mencionar los gangs (pistoleros, cuadrillas, brigadas de jóvenes) en EE. UU, las bandas en México, las maras en El Salvador, Las Barras o Chapulines en Costa Rica, las Colleras en el Perú, las Gangas en Brasil, las Patotas en Argentina y gamines o pandillas en Colombia.

Los adolescentes que hacen parte de estas pandillas son vidas impregnadas de carencias afectivas, culturales, materiales, cargadas de dolor y sufrimiento que dejan evidencias que en muchas ocasiones: la niñez lejos de ser una etapa de desarrollo sereno y de preparación para el futuro se convierte en una lucha diaria para sobrevivir. Pero desafortunadamente la mayoría de los padres de estos son delincuentes.

Ciertamente, las pandillas requieren o se debe realizar un estudio al grupo como un subsistema socio-cultural propio: sus orígenes, evolución, entorno comunitario, estructura, organización, relaciones, símbolos, entre otros. 

Es primordial conocer las causas que llevan a los jóvenes a organizarse en pandillas y a expresarse en forma violenta, saber sus normas, valores y lenguajes. Los pandilleros tienen como objetivo amedrantar a los vecinos de los barrios donde residen y es más grave esto: llevan algunas reacciones y mensajes desalentadores de venganza y amenazas de muerte. 

Estos actos delictivos deben desembocar en acciones judiciales prontas, ya que ellos se creen por encima de la ley, porque se percatan de la flaqueza del sistema judicial para castigar o condenar. Es preciso anotar que la mayoría de los jóvenes de esta época carecen de objetivos positivos, no son luchadores, no son disciplinados, no piensan en sobresalir. Entre los jóvenes hay buenos y malos. Los primeros son honestos, buenos hijos y los otros prefieren convertirse en hampones, asesinos, viciosos y violadores.     

Mientras el Estado y la sociedad civil (investigadores, académicos, políticos, comunicadores sociales, organizaciones no gubernamentales) no se planteen como prioridad procurar ofertas concretas para los jóvenes y no se tomen en cuenta sus necesidades, sus derechos y aspiraciones, difícilmente se podrá superar adecuadamente su situación actual. Las instituciones públicas que encaminan o patrocinan la política social de los adolescentes tienen que buscar instancias o perspectivas para disminuir este dilema delincuencial.

Los pandilleros actualmente son llamados los cavernarios modernos, se han convertido en el azote de la sociedad. Los hombres de las cavernas dialogaban entre sí, compartían alimentos, las cuevas o rincones que les servían de aposentos y pieles de animales o ropajes para protegerse de el frío. Pero esto delincuentes son lo contrario: atacan con armas a cualquier persona que encuentren a sus alrededores.  


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