en el meridiano cultural | Publicado el

Crisis espiritual

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El reverendo Ernst Toller (Ethan Hawke) y Mary (Amanda Seyfried).
El reverendo Ernst Toller (Ethan Hawke) y Mary (Amanda Seyfried).

Es un desafío para un actor ponerse un collar clerical y hacerte creer, especialmente si tiene una personalidad algo  ruda. Pero Ethan Hawke se ha convertido en un actor tan flexible que asume el papel de Ernst Toller, un ex capellán militar que ha encontrado refugio en su vida como reverendo en una pequeña ciudad, y lo hace convincente. 

Toller, quien preside una bella iglesia reformada holandesa, lleva una gran carga: empujó a su hijo a alistarse en la guerra de Irak, y murió allí. Así que Toller carga su dolor y culpa como cuentas de oración. Lee en tono triste su diario y tiene una enfermedad que probablemente sea cáncer de estómago. Todo esto lo deja en un estado de identidad suspendida. O tal vez un estado de gracia.

La vida de Toller cambia cuando una joven pareja acude a pedirle consejo. Mary (Amanda Seyfried) está preocupada por la obsesión de su marido Michael (Philip Ettinger), un militante ecologista, por el futuro del planeta. El reverendo se encuentra un hombre que, al contrario que él, mantiene una fe inquebrantable en algo y tiene una misión, la lucha por el medio ambiente. 

‘El reverendo’ es una singularidad en el panorama del cine norteamericano por su reflexión poco habitual sobre el papel de la iglesia y la fe en la sociedad.

“¿Nos perdonará Dios por lo que estamos haciendo a su Creación?”, le plantea Michael al sacerdote. Una cuestión que queda en el aire y el cura acaba haciendosuya.

El reverendo dirigida por Paul Schrader abarca las obsesiones del cineasta con un alcance tan deslumbrante como (conscientemente) demencial. 

La película es de una altura dramática desacostumbrada, acercándose a temas contemporáneos como el terrorismo y los intereses económicos de las religiones desde una óptica de continua encrucijada sobre la fe y la incertidumbre.

Y Schrader acaba llegando a una certidumbre: que la sabiduría proviene de la clara percepción de que la esperanza y la desesperación están ahí para golpearnos y acariciarnos, y que habitualmente llegan juntas, de la mano.


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