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Lámparas de fe

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Lámparas de fe

Por Selma Samur de Heenan

Dentro de las muchas parábolas que Jesús narró a sus apóstoles está la de las diez jóvenes que esperaban al novio. La mitad de ellas eran descuidadas y las otras, por el contrario, eran precavidas. Las primeras cinco tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo, pero las segundas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron en sus botellas el aceite necesario para que  se mantuvieran encendidas. El novio no llegaba y ante su tardanza, todas se durmieron. A la medianoche, se oyó un grito que les advertía: "¡Viene el novio, salgan a su encuentro!" En ese instante se despertaron con el afán propio de la ocasión y al disponerse para el recibimiento, se presentó la primera situación difícil porque las descuidadas, al ver que no tenían combustible dijeron a las precavidas: "Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando". Y las prudentes les replicaron: "No habría bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y compren para ustedes".

A las necias les tocó salir a esa hora a buscar lo que no tenían y mientras tanto, llegó el novio. Las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. Cuando más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: "Señor, Señor, ábrenos".  Él les respondió: "En verdad, se lo digo: no las conozco. Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora".

Es de destacar que, aunque en todo el desarrollo de la parábola se está hablando de diez mujeres, Jesús en su exhortación final habla para todos, usando el término "despiertos", con lo que nos está hablando a mí y a ti, seas un hombre o una mujer.

Nos alerta este Evangelio para que estemos siempre preparados, se trate del día de nuestro paso a la vida eterna o bien para la segunda venida de Jesucristo. El novio es Jesucristo, las diez vírgenes nos representan a todos los creyentes que lo esperamos; el aceite, además de ser nuestra fe, es el estado de gracia o de obediencia a la voluntad divina y la boda es el gozoso encuentro con Dios.

El papa Francisco lo explica de la siguiente manera: "El esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo. Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios."

A las necias les tocó salir a esa hora a buscar lo que no tenían y mientras tanto, llegó el novio. Las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. Cuando más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: "Señor, Señor, ábrenos"...

  


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