Opinión | 12:00 AM, 2020-09-21 | Sincelejo

El respeto por los derechos

Por: Sandra Paola Pérez Buelvas
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Ver noticias sobre casos de intolerancia contra la comunidad LGTBI me hace pensar que vivimos en una sociedad retrógrada y me transporta precisamente a aquella época de la historia llamada la Inquisición, en donde hubo una fuerte represión contra los homosexuales productos de los "pecados nefandos" que se inventaron en ese tiempo, encaminados a juzgar hechos en materia sexual con el fin de vigilar y encaminar la vida religiosa y moral de la sociedad.
Pero no nos vamos tan lejos de ese tiempo remoto, en Sincelejo recientemente hubo un caso inaceptable de intolerancia donde la victima resultó ser un menor de edad y a quien le amputaron su mano solo por ser gay o como el caso de discriminación al que fue sometida la alcaldesa de Bogotá Claudia López durante un discurso, situación que es indignante que ocurra en la actualidad porque desde 1991 la nueva Carta Magna  incluye una serie de provisiones de especial interés para la comunidad LGBTI, como el derecho a la igualdad, el principio constitucional del pluralismo, el libre desarrollo de la personalidad, el estado social de derecho, lo que implica que él debe garantizar el libre desarrollo del ser humano y que a este se le respeten unas prerrogativas que claramente van más allá de la mera enunciación de unos derechos civiles.
A pesar de lo expuesto, como sociedad no podemos siempre pensar que se necesita fortalecer la política penal del país, tal y como sucedió en su época con el feminicidio, esta es una solución paliativa para el verdadero problema social que hay en todo ello, y debemos aprender de ese error que lo único que busca como siempre este tipo de prerrogativas son dos efectos: i) uno punitivo y ii) otro preventivo, entiéndase punitivo es el castigo que acarrea la norma y el preventivo va de la mano con el castigo, que es que las personas le tengan temor a este así evitando la conducta, que al final se materializa en atiborrar las cárceles con los perpetradores de estos delitos para que los mismos se transformen en discriminados de la colectividad, lo cual es gravísimo para cualquier sociedad, las cárceles deben ser transformadoras y formadores de buenos seres humanos, para que los que cometan estos delitos puedan construir o sumar a una mejor comunidad, a través de un proceso de reinserción social, para que puedan ser personas útiles dándoles trabajo y estudio a los mismos.
No obstante, yo pienso que este no es el camino a seguir si queremos erradicar este tipo de conductas que siempre está en aumento, lo correcto sería seguir fortaleciendo el pilar de una sociedad, en la formación y educación de los individuos, que se da desde el hogar mismo, en los colegios y universidades, al tener una buena formación de seres humanos lo cual  logra una mejor calidad de ambiente social.
Finalmente, al tratar de resolver la inquietud de cuáles son las razones de violencia contra la comunidad LGTBI he llegado a la conclusión de que es la falta de aceptación o en su defecto el rechazo a la diversidad sexual, teniendo la idiosincrasia de que yo soy normal y ellos anormales, en donde se han cruzado los límites de la violencia desde insultos hasta agresiones físicas y en el peor de los casos la muerte de sus miembros. Por ende a una sociedad que carece de empatía con sus iguales está condenada siempre a la discriminación y la violencia.

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