Opinión | 09:14 AM, 2020-09-15 | Redacción

Humanización y tecnología

Por: Adriana Suárez de Lacouture*
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El mundo de hoy, movido por la pandemia, afronta un interesante dilema sobre la importancia de proteger los valores del ser humano, frente al uso de las tecnologías, y de las comunicaciones tan necesarias en este momento de aislamiento físico en que buscamos cuidarnos y proteger la salud de cada ciudadano en esta “Aldea Global”. Nos corresponde entonces establecer límites y que la necesaria actividad de conectarnos a redes y otros recursos tecnológicos, no nos lleve a prescindir de nuestra esencia, Nuestro Ser, la importancia de recrear, oxigenar nuestra facilidad al afecto, a la comprensión y solidaridad mientras avanzamos en la aplicación de nuevos desarrollos y en tecnologías duras y blandas.

Las tecnologías y su aplicación en la vida cotidiana y académica nos han abierto oportunidades que facilitan las actividades, nos ofrecen herramientas, ayudas prácticas y rápidas, al alcance de la mano de todos proporcionando versatilidad, movilidad, flexibilidad, que, en nuestra tarea de formar a los futuros profesionales, nos exigen rigor académico–docentes- y disciplina–estudiantes-.

Para el sector de la educación ha sido vital apostarle a la mediación tecnológica, porque posibilita la continuidad en la formación de millones de personas en el mundo. En las universidades hemos sido conscientes de ello y en el caso particular de la Universidad del Sinú – Elías Bechara Zainum se vienen transformando los procesos de enseñanza/aprendizaje, desde antes de la llegada del Covid-19. Lo que ha ocurrido en realidad, gracias a esta inesperada coyuntura, es un proceso de aceleración hacia estos nuevos modelos pedagógicos y didácticos mediados por las tecnologías.

Sin embargo y más allá de esos esfuerzos tecnológicos, sabemos que nuestra misión debe estar centrada en la formación de un ser integral, con valores éticos y morales, en competencias que lo conviertan en un profesional de alta calidad y con la capacidad de enfrentarse a un nuevo mundo, el de la llamada post-pandemia. Por eso es fundamental no perder el norte y que la universidad medie en este dilema entre tecnología y humanidad.

Andrés Oppenheimer, en su obra “Sálvense quien pueda”, se refiere a esta misma disyuntiva de forma cruda, pero, a su vez, esperanzadora. Asegura que “la humanidad avanza hacia un futuro en el que el 47% de los trabajos que desempeñan las personas corren el riesgo de ser sustituidos por robots, lo que puede crear un mundo más solidario y más humano”.

Oppenheimer agrega que vamos a tener que valorar más el altruismo, algo que se está perdiendo en nuestra sociedad, lo que quiere decir que la formación de un ser social e integral seguirá siendo fundamental y hará la diferencia en ese futuro de tecnologías y algoritmos. Y es que, además de los nuevos trabajos que surgirán y la obligación de seguir estudiando y reinventarse, es precisamente esa la oportunidad que ofrece la transformación que está por venir, la de revalorizar el contacto humano que estamos perdiendo hoy en día.

Los robots podrán ser inteligentes, autónomos y funcionales, pero nunca podrán realizar las cosas con amor o pasión porque sus labores serán automatizadas, así que nunca se verá como ponen más esfuerzo y dedicación en ello, que es lo contrario a lo humano, quienes somos proactivos cuando amamos lo que hacemos en nuestro trabajo y ocupaciones.

 El mundo de hoy, más conectado que ayer, en un contexto mediado por  dispositivos y virtualidad, en el que extrañamos la singularidad y calidez de las personas que amamos, de la familia y amigos es el mundo que no debemos perder de vista, es el soporte para prepararnos y retornar a la nueva normalidad; afrontar la pospandemia valorando lo que somos, como seres humanos, nuestra fragilidad, en especial, no descuidar la solidaridad y la capacidad de asombro, para tener, un mundo cada vez  más humano. 

Abramos nuestros brazos para dar y recibir.

* Rectora de la Universidad del Sinú – Sede Montería.

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