Opinión | 12:00 AM, 2020-09-16 | Sincelejo

Indignación acumulada

Por: Manuel Andrés Cadrazco
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En Colombia estamos viviendo una coyuntura sumamente compleja de tensiones entre la ciudadanía y la Policía, y al mismo tiempo tensiones en la propia línea de mando de esa institución, en donde el Gobierno nacional y las alcaldías muchas veces presentan concepciones diferentes. Sin embargo, la muerte de Javier Ordóñez a mano de agentes de la Policía –ya se le puede llamar así porque así está en el informe forense oficial- fue la gota que derramó el vaso en una ola de indignación, desesperanza y movilización estructural que venía desde noviembre del año pasado con el paro nacional, y que no pudo expresarse como hasta ahora, en parte, por la pandemia y el confinamiento. Lo cierto es que el país ha vuelto a las calles otra vez y me gustaría plantear varios puntos del por qué.
En primer lugar el país vive una escalada de violencia a nivel regional, ya lo he tratado en otras columnas, el Estado no hizo presencia en muchos territorios como tenía que hacerlo y los grupos armados ilegales tienen a su merced poblaciones enteras, las masacres han vuelto a ser casi que un tema de cada día; en vez de atender este asunto efectivamente, el Gobierno ha usado su argumento recurrente del espejo retrovisor, esto es, culpar al Gobierno anterior.
En segundo lugar la crisis económica a causa de la pandemia y la poca efectividad de las ayudas anunciadas por el Gobierno para las pequeñas y medianas empresas ha provocado el cierre de muchos establecimientos y una baja en el nivel de ingresos de muchas familias, acompañado de esto el desempleo creciente que a julio fue del 20,2 % según el DANE, cifras no vistas en 20 años.
En tercer lugar, la desesperanza con la que cuentan los jóvenes hoy en día con respecto a sus proyectos de vida, según el DANE también, en julio el desempleo juvenil fue de 29.7 %, también la deserción escolar y universitaria está sumando a este conjunto de frustraciones.
Por último y no menos importante, y ante todo esto, se ve a un Gobierno nacional lejano, pareciera que gobernando desde una ventana de cristal, y que en muchos casos muestra suma indolencia y poca empatía hacia los problemas de los ciudadanos, ese discurso de mano dura para todo que comienza a quedarse obsoleto pero al mismo tiempo no dejan de usarlo, Colombia requiere cambios y reformas que respeten la vida y se ajusten a los tiempos actuales.

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