Opinión | 12:00 AM, 2020-10-17 | Sincelejo

Meditación para guiar el corazón

Por: Olga Lucía Bustamante
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En alguna parte escuché esta frase “Cuando soplan vientos de cambio, unos actúan como molinos y otros se convierten en contra vientos”. Transmutar en molino o en contra viento depende de cómo aprendí a abordar las situaciones que me presenta la vida ¿Soy parte del problema o soy parte de la solución? ¿Fui entrenado para buscar oxígeno cuando existe alto nivel de contaminación, o soy el factor contaminante?

Todos tenemos mucho de molino y mucho de contra viento. Entrenando con lentitud y conciencia podemos dar grandes pasos hacia cambios favorables. ¿Qué clase de vientos impulso como molino: vientos de paz que permiten avanzar o vientos de guerra que me obstaculizan a mí y a otros? ¿Cómo contra viento detengo la adversidad o la fortuna? La gran dificultad está en ¿Dónde pongo la mente?... porque con ella anclo el corazón. Una mente dispersa llena de dolor y miedo, ancla el corazón a estos mismos sentimientos. Una mente limpia y clara, confiada en si misma también aferra el corazón a esa emoción. La decisión de cómo asumir cada situación es personal y autónoma.

Existe un camino posible por transitar que no sabemos recorrerlo por falta de entendimiento. Nos acostumbramos a guiarnos por los pensamientos ligeros, fáciles y desorientados, experimentamos el método ensayo-error una y mil veces, repetimos dosis de lo mismo sin argumentos válidos, viviendo de la mano de la desgracia y creyendo ser malos y merecedores de esta. Hago las veces de mi propio entrenador, pero inexperto.   

“Donde pongo la mente, anclo el corazón” quiere decir, que tengo libertad de elegir mis pensamientos y mis sentimientos. Vamos a divagar: Sí un ser divino me creó con amor infinito, deduzco, que sí todo un Dios puso en mí su mirada, soy su obra maravillosa merecedora de una vida en equilibrio. Significa que, si no me alejo de su voluntad, ese amor infinito seguirá actuando en mí, protegiéndome y guiándome. ¿Le permito a mi Creador ser mi experto entrenador?

Aquí se confirma el mensaje que nos da el Padre Nuestro: “…hágase tú voluntad, así en la tierra como en el cielo.”  Hágase tú voluntad en mi mundo físico y espiritual. Anclo mente y corazón. Pero… ¿Y mi autonomía mental dónde queda?... El amor incondicional de aquel que me creó sabe lo que me conviene, las maneras y las formas dependen de mí, pero la dirección correcta depende de Él. ¿Quién desea una autonomía mental a ciegas? Solo dejémoslo guiar, mostrar el camino… eso sí, hay que desarrollar la percepción, el discernimiento y la observación para descifrar el mensaje, porque el mundo espiritual nos habla de muchas maneras sutiles.

¡Cuidado con lo que pienso y siento! “Donde pongo la mente, anclo el corazón”.

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