Opinión | 12:00 AM, 2020-09-16 | Redacción

Pocas luces, muchas sombras

Por: Rafael Negrete Quintero
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La que pasó fue una semana triste para el país. Sin embargo, las víctimas que dejó esa semana nefasta, no nos llevaron a hacer un alto en el camino en la polarización que vivimos desde hace ya varios años. Por el contrario, encendieron una hoguera que hoy arde con pocas luces y con muchas sombras.  

En medio de la indignación generalizada por el homicidio de Javier Ordoñez el Presidente habló de gallardía policial. No era ni la ocasión ni el momento. Si lo que se buscaba era evitar la estigmatización de la policía su reacción inicial no solo debió ser de repudio y condena sino de reconocimiento de los problemas que aquejan a la institución. Problemas que si no se atienden incrementarán la llama de un descontento, que estuvo calmado por las cuarentenas, pero que hoy resurge con fuerza inusitada por dos agravantes; la emergencia económica y la continuidad de la pandemia. 

La oposición también tuvo su cuota. Prestos a aprovechar la desconexión gubernamental con un gran sector de la población se han dedicado a socavar la credibilidad de la Policía Nacional buscando réditos políticos. Poco se han dedicado a reflexionar sobre el daño que le hacen a Colombia cuando se dedican solo a ver fallas en una institución que usufructúa el monopolio de las armas y que está para protegernos a todos. ¿En un país como este, que encuentra razones para armarse con gran facilidad independientemente de su ideología, no es este un discurso peligroso?

La gente necesita creer en sus instituciones mucho más que en individualidades, flaco favor le hacen a estas quienes no escuchan los argumentos razonados de una parte de la población y quienes, asumiendo que representan a las víctimas, se toman su vocería para catapultar sus futuras aspiraciones electorales. Con un agravante, además, en ese papel de voceros, algunos se olvidan de liderar con el ejemplo aun cuando la constitución y la ley se lo imponen. 

Nadie sigue a un líder que se dedica a descalificar y a controvertir de manera permanente a quienes está llamado a dirigir. Eso deberían saberlo los alcaldes que viven increpando y retando a la Policía. Ahí también hay responsabilidad y mucha. 

Hoy, cada uno de los ciudadanos de a pie elige su bando y así nos va. Sin detenerse a pensar sobre las razones del otro la rabia se incrementa de forma permanente. No hay puentes, no hay diálogo, es nuestra verdad o la de ellos, sin puntos intermedios. Y en este camino de blancos y negros nos vamos llevando el país por delante, con rabia, mucha rabia.

La próxima vez que usted, ciudadano de a pie, desee imponer su verdad deténgase. Póngase en los zapatos del otro y trate de pensar como él. De pronto en esos pequeños esfuerzos, en esos matices, pueda estar la clave para evitar más muertos, más violencia. 

Hablando se entiende la gente. 

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