Opinión | 10:13 AM, 2020-09-20 | Sincelejo

Soltar es el nuevo perdonar

Por: Dilia Corrales Issa
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Paciente: No entiendo eso “de soltar”, de lo que tanto habla la gente ahora, siento que no lo puedo hacer y no sé cómo se hace, ¿Cómo uno suelta Dilia?


Terapeuta: Tampoco sé a qué te refieres con soltar. Estarás hablando de perdonar tal vez


Paciente: ¡Sí! Creo que soltar se refiere a perdonar.


De los procesos internos más complejos para la mente es el perdón; perdonar a un otro, perdonarme a mí mismo y pedir perdón. Perdonar es como quitarle el pie del pescuezo al otro, es que alguien te quedó debiendo pero decides no cobrar más, rompes la factura y mandas la deuda a la porra. ¿Fácil? No. Complejo para la mente y el espíritu, es el fin de un ciclo pero no implica olvido, no se olvida, sabes que pasaste el proceso cuando recuerdas el hecho y ya no está cargado de dolor.


Es como si manejaras un carro y ves el camino por el vidrio panorámico hacia el frente, pero de vez en cuando miras por el espejo retrovisor hacia atrás, miras al pasado sin re-sentimiento, o sea, no vuelves a sentir el dolor que se produjo en aquel momento. En la orilla contraria al perdón está el re-sentimiento, que es todo lo inverso: vuelves a sentir a cada instante lo que produjo la ofensa y se trae al momento actual, estás re-sintiendo, volviendo a sentir el dolor y la molestia que causó en ese entonces.


Cuando Pedro le preguntó a Jesús que si cuantas veces había que perdonar, Jesús dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Al estar en condiciones de perdonar nos libramos de quien hizo la ofensa 490 veces, ese personaje que está dentro de nosotros sale y hay espacio para otro sentimientos más actuales. Perdonar es entonces renunciar a la molestia, con un tiempo y un espacio personal, cada quien lleva el carro en la velocidad que puede, no es ni muy rápido, ni muy lento, si se hace muy rápido puede estar directamente relacionado con minimizar la ofensa, creer que uno se merecía de cierta manera el castigo y por eso se suelta rápido. Si se escoge no perdonar, estamos en estado de autodefensa permanente considerando cualquier situación como ataque, no en vano, somos el país de las autodefensas.

Pero si se decide conceder el perdón no se anula la ofensa recibida, sino que se elimina el sentimiento de culpa del perdonado, es entonces un tratamiento para la culpa que no implica reconciliación, yo puedo perdonar sin reconciliarme, pero no puedo reconciliarme sin perdonar.

Es un acto de regalo para mí, reconozco la emoción, saco la molestia y me salgo del puesto de la víctima: Perdono, me perdono y me perdonan, si a mí me han perdonado tantas veces quien soy yo para no dar el perdón como regalo también. Elegir perdonar es seguir, es avanzar, el hilo negro que me une al otro desaparece para siempre, no es soltar, porque no soltamos del todo, pero se libera el alma y el corazón ríe.

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