Opinión | 12:00 AM, 2020-08-01 | Sincelejo

Un viaje por el mar embravecido

Por: ELIZABETH ZUCCARDI PORRAS
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A todos en esta tierra se nos provee una embarcación para atravesar el ancho mar, tipo del mundo y sus afanes. Algunas veces vamos como nave a la deriva, y otras viento en popa, algunos están a punto de naufragar y otros elevan velas esperanzados de un buen viento y buena mar, y aunque vamos en barcos diferentes nos toca enfrentar las mismas tormentas, dependiendo del estado de esta, llegaremos a buen puerto y arribaremos a nuestro destino victoriosos y felices por haber culminado nuestra travesía, el mundo entero está atravesando la peor de las tormentas llamada covid-19, en la que muchos naufragaron y perdieron la vida, otros quedaron maltrechos, enfermos y otros pasando una terrible crisis económica, muchos se han deprimido y otros han logrado atravesar los vientos huracanados y han salvado su embarcación y se están recuperando.

¿Qué debemos hacer para no quedar en la tormenta, desamparados y a merced de los vientos y las olas embravecidas? Hagamos como Noé, quien se preparó con mucha anticipación y aseguró a su familia al llevarla en el arca durante el tiempo en que las aguas inundaron el mundo, él no se preocupó de conducir la Nave, ya que esta no tenía timonel, más bien confió en Dios y este la posó sobre un monte donde fueron salvos toda la familia, así que permítele a Jesús que conduzca tu embarcación, porque él siempre te llevará al lugar de tu destino;  Moisés  siendo muy niño, viajo en una pequeña arquilla calafateada con brea, por las aguas del río Nilo a los brazos de la mujer que lo cobijó para que cumpliera su propósito; así también deja que tu embarcación navegue por las aguas del Espíritu Santo para que te conduzca a quienes te van a ayudar a cumplir tu misión.

Asegúrate que Jesús va contigo en la barca, así como los discípulos navegaron en las aguas del mar de Galilea, cuando se hizo una gran tormenta y Jesús dormía en un cabezal, y cuando despierta,  calma los vientos y ordena a las olas que se aquieten , así también nosotros debemos mantener despierto a Jesús con nuestros cánticos de alabanza y adoración, hablándole con nuestra oración para que en el momento de la angustia clamemos a Él, para que nos dé la salvación. Jesús calma los vientos y la tempestad, Jesús nos lleva a puerto seguro, Jesús nos conduce a nuestro destino.

No haga como Jonás, que tomo la embarcación con el rumbo equivocado, lejos de su destino y del cumplimiento de la voluntad de Dios, antes de reconocer que se había equivocado por ser desobediente, fue lanzado al mar, en vez de arrepentirse y pedir perdón, su tozudez lo llevó a lo profundo de las aguas y allí ahogándose a punto de perder la vida, Dios en su gran misericordia mando un gran pez que se lo tragara para salvarle la vida.

Recuerda que tu barco no tiene timonel, porque tu capitán es Jesús y él puede ayudarte a atravesar este mar embravecido y salvarte la vida a ti y a tu familia para que cumplas tu propósito en esta vida.
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