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Qué es el doing business

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Qué es el doing business

Por Valmiro Sobrino Oliveros*. Cada país del mundo tiene, o se supone que debe tener, unas normas jurídicas que regulan la actividad empresarial de esa nación y, además, un conjunto de normas que regulen el derecho de propiedad. Esas normas deben garantizar que la creación de empresas sea lo más ágil posible para que dichas regulaciones no enreden los mecanismos legales de creación de empresa.

El Banco Mundial es la entidad encargada de medir el índice de factibilidad para hacer negocios, en inglés ease of doing business index, el cual se basa en un estudio de las normas de cada país, y a nivel global verifica más de ocho mil funcionarios gubernamentales, consultores de negocios, abogados, economistas, contadores públicos y otros profesionales que asesoran directamente a las empresas y miden factores como la proximidad de un país a los mercados globales, su infraestructura productora e industrial y su logística empresarial, el grado de cultura empresarial de una nación y su estabilidad política y financiera.

Por ejemplo, si una empresa surcoreana quisiera instalar en un país una concesionaria de producción de automóviles tendrá que evaluar de acuerdo con el índice de factibilidad doing business cuál es el costo mínimo de capital que debe invertir para obtener la franquicia. Si en Colombia los trámites son tan burocráticos que esa empresa demora ocho meses para obtenerla y en Costa Rica solo demora treinta días, obviamente  no escogerá a Colombia. Igualmente, si una compañía quiere instalar un complejo hotelero en un lugar del mundo, tendrá que acudir a este índice para establecer qué país presenta una legislación laboral que facilite el pago de la hora costo beneficio, cuánto valen los despidos etc. y todo esto incidirá a la hora de decidir donde se hace la inversión.

Colombia se encuentra en el puesto 65 entre 190 países en la medición de este año. No es una clasificación muy buena en el ranking internacional. Ello se debe a las dificultades burocráticas de nuestras legislaciones en materia de trámites, auditorías fiscales, devolución de impuestos, estímulos bien claros a la inversión, etc. Creemos que entre más organismos burocráticos haya, más funcionarios inútiles; más tramitología exista hay mayor eficiencia. Incluso, la empresa privada se ha contagiado con esta perversa costumbre y encontramos en instituciones privadas que para que se autorice un elemental proceso debe pasar por cinco o seis firmas porque se cree que eso es eficiencia.

Mientras no entendamos que la eficiencia consiste en la máxima simplificación de un proceso y no en la creación de una cadena de tramitologías inútiles, no tan solo no mejoraremos el índice doing business, sino que la propia inversión interna  se pondrá en peligro

*Profesor titular de la Unisinú.


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