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Recuperemos la fe en nuestro oficio: Salcedo Ramos

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El cronista costeño Alberto Salcedo Ramos es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)
El cronista costeño Alberto Salcedo Ramos es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

Por Gildardo Pérez Acosta, editor de Secciones.

Cuando decidí estudiar periodismo siempre tuve claro que lo más importante en mi vida han sido las historias, buenas y malas. En mi formación y en el ejercicio de la profesión he encontrado las razones que cada día alimentan esta pasión. En una ocasión, un buen profesor de redacción me habló de la existencia de un cronista barranquillero que le dictó clases. Cuando me hablaba de él, en su rostro brillaba un amor por el oficio que -en sus propias palabras- le había despertado en gran medida ese profesor del que no se cansaba de hablar.

El maestro es Alberto Salcedo Ramos, el mismo que escribió sobre el viejo Emiliano Zuleta, Pambelé, Diomedes Díaz y muchos otros.

En una tarde lluviosa en Bogotá

Lo conocí una tarde lluviosa en la carrera Séptima de Bogotá. Pero antes había leído y releído su último libro, "La eterna parranda", una compilación de crónicas que parecen cuentos, pero con momentos, datos y nombres reales. Lo entrevisté ese día y desde ese momento leo todo lo que escribe. Me ha enseñado tanto a amar  y a descubrir los encantos del periodismo.

Hoy, Día del Periodista,  cuando han pasado varios años desde mi primera entrevista con él en Bogotá, dejo en esta página otra entrevista que esta vez le hice desde la distancia y en la que él me recalca, sin darse cuenta, que no me equivoqué de oficio. 

  EMS: En esta era digital  en la que la información abunda y es más fácil encontrar datos, ¿cómo debe actuar el periodista para no perder la esencia de un reportero que más que datos busca historias?

 ASR: Los datos son indispensables, ni más faltaba, pero para que funcionen periodísticamente se necesita que un reportero les dé una valoración, les busque un contexto y los organice. Marc Weingarten dice que el periodismo narrativo surgió por una necesidad histórica: los datos no alcanzaban a explicar ciertos fenómenos sociales como las guerras, las drogas y el hipismo.  

Entonces se necesitaba acudir a las historias para dar un sentido a lo que antes eran meras cifras. Con las historias era posible, además, hacer que los lectores se apropiaran de lo que se les contaba, que lo sintieran como algo que podía afectarlos a ellos. Una cifra no genera empatía. 

 En cambio la historia bien contada de un hombre que necesita atención médica puede ser la historia de cualquier persona en el planeta. Todos nos sentimos identificados. En estos tiempos en que todo el mundo cree que la gracia es rendirle culto a la tecnología, lo más revolucionario que puede hacer un periodista es volver a las raíces. Tomar su libreta de notas y pasarse el día en la calle buscando noticias e historias.

 EMS: El periodismo es un oficio no muy bien remunerado en Colombia. Hoy, muchos estudian esta profesión para hacer todo, menos periodismo, ¿qué consejos les daría a los jóvenes que quieren estudiar Comunicación Social, pero que desconocen la realidad planteada? 

 ASR: No voy a ser el sepulturero de las ilusiones de los muchachos. Cada quien estudia lo que le apasiona. Los competentes siempre sobrevivirán. O, por lo menos, yo tengo esa esperanza. 

En cuanto a lo de los malos pagos, eso siempre ha existido, y no sólo en Colombia. Todo el mundo se queja de los malos sueldos: médicos, arquitectos, contadores públicos. Me parecería triste que para uno estudiar lo que le apasiona tenga que ponerse a revisar antes la lista de salarios. 

No me busquen a mí para decepcionarlos: decepciónense por su cuenta, o encuentren en el periodismo una fuente de satisfacciones. Esta posibilidad también está ahí. 

 EMS: ¿En qué están fallando los medios de comunicación y los periodistas al momento de informar la coyuntura política del país? 

 ASR: Se están dejando imponer la agenda por la histeria del día en Twitter. Si este político pelea o si aquel replica, en seguida se vuelven noticia. Los periodistas no están para dejarse usar como marionetas por el histérico del día en Twitter, sino para hacer su propia agenda, de acuerdo con los dictados sagrados de la realidad. 

Tienen que ir a la calle, repito, y dejarse de andar buscando las noticias en Twitter. Esta red social, como dice un colega español, se parece mucho a un bar lleno de borrachos. 

 EMS: En Colombia hace poco ganó el NO en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos de paz con las Farc y en Estados Unidos ganó Donald Trump. En ambos ejemplos hubo sorpresas, ¿qué relación cree que tienen los dos planteamientos y qué tanta responsabilidad tenemos los periodistas en esto? 

 ASR: El péndulo de la política oscila periódicamente entre la derecha y la izquierda. Sobre eso se ha escrito abundantemente. En Colombia, como dice Hernando Gómez Buendía, no hay una polarización entre la izquierda y la derecha, sino entre la derecha y la extrema derecha. A mí no me sorprendió que ganara el NO. Y tampoco me sorprende el triunfo de Trump. 

En Estados Unidos ya ha habido antes presidentes de este corte, como Ronald Reagan, por ejemplo. La vida consiste en sobrevivir a todos esos gobernantes. Algo muy importante: ellos no se eligen solos, ellos son elegidos. 

 EMS: ¿Cuál es la experiencia más difícil en su vida como reportero? 

 ASR: Sería una historia larga. Prefiero decirte que hoy Día del Periodista recuperemos la fe en nuestro oficio, descrito por Albert Camus como el mejor del mundo. 


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