columnas de opinión | Publicado el

Sin vergüenza

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Sin vergüenza

Por María José Cepeda. "Perra", "bandida". Mucho gusto, les escribe una mujer que, por si las moscas, se salva diciendo que no ha mandado fotos desnudas que hayan sido públicas, porque qué dirían de mí. Les escribo con rabia, sintiéndome avergonzada de la gente que me rodea, hablándoles en boca de muchas mujeres a quienes le arrebataron a la fuerza el poder de su intimidad. Así, como si la intimidad tuviera que justificarse, como si la sexualidad tuviera que darnos pena o peor aún, escondiéndonos detrás de nuestro género para justificar la libertad que hay dentro de cada decisión.

La sociedad en la que vivo les ha dado nombre a actos naturales para terribilizarlos, como al bullying, que no era más que acoso entre niños ignorados por el núcleo familiar y claro, qué bueno ha sido ya poderlo reconocer con nombre propio. Ahora llegó el 'Sexting', término utilizado para citar una conversación subida de tono donde dos participantes ya sea por presión o por simple gusto comparten material al desnudo. Ya lo vemos por todas partes, se hizo visible. 

Va contra toda ley de buen comportamiento que me hayan enseñado en mi casa, y seguro mis familiares se sentirán ofendidos de que una joven millenial como yo a menos de los 30's pueda ver con humillación el hecho de no poder expresarse sexualmente como quieras sin ser señalada. No, no estoy de acuerdo, como tampoco lo está Sofía Forero Velilla, una mujer que al igual que muchas, más que por deseo que por cualquier otra cosa, compartió fotos con alguien en quien confiaba plenamente. Tiempo después sus curvas ya eran conocidas por medio Bogotá.

"Me irrespetaron como nunca irrespetan a los hombres, porque nunca verás a un hombre escandalizado porque todos conocen su cuerpo desnudo. Pusieron en tela de juicio lo que soy como persona porque mandé fotos desnudas. Dijo Sofía a través de una publicación en Facebook. Ahora soy una 'bandida' que debe pedirle perdón a mi familia porque de mi intimidad ya queda muy poco.

No nos define nuestro cuerpo ni lo que hacemos por deseo, ni la manera en la que el mundo ve cada expresión de ello. No nos definen las críticas de los lectores que se escandalizan con un pezón y tampoco, el egoísmo contra nuestro sexo: pero entonces ¿para qué te tomaste esas fotos si no querías problemas?...

Países como México desarrollaron leyes que cobijan desde 7 a 12 años de cárcel para quienes arremetan contra la confidencialidad de imágenes desnudas a través del sexting. Es decir, la ley no ve nada malo en que dos personas disfruten de su sexualidad de la manera que sea, lo que no contempla es el irrespeto al hacerlo público. ¿Qué nos hace falta como seres humanos para entenderlo de la misma manera? ¿Es que acaso esto no nos hace más sin vergüenzas?


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