Opinión | 12:00 AM, 2022-05-14 | Montería

El éxito está en uno mismo

El éxito está en uno mismo
Foto:Cortesía.
Por: Olga Lucía Bustamante
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‘Ser, es existir, amar y estar, para sentir vivir’.  No son solo palabras, juntas dan origen a un estado real que nos acerca a la matriz, al inicio y la razón primera de la existencia. En forma inconsciente vivimos esa relación con personas, cosas y situaciones día a día. Es ineludible que nos amemos  a nosotros mismos y entre nosotros mismos, por la simple razón de ser parte de la Creación Divina, existencia pura, que encarna la vida. Ver al Todo en todo, es un sentimiento que trasciende, puro amor que no depende de, dónde estar, que tener,  qué opinar.

Lo expresa Ram Dass “Eres amado solo por ser quien eres, solo por existir. Nadie puede quitarte este amor, y siempre estará aquí”… “El aspecto más importante del amor no es darlo o recibirlo: es sentirlo. Sentir amor significa ver al Amado en todo a mi alrededor”.

Vulneramos ese principio cuando nos guían solo las apariencias, las jerarquías, las posesiones y el orgullo,  impidiéndonos ‘ver’ lo verdadero que cada uno representa. Existe una conclusión evidente cuando nos respondemos honestamente esta pregunta: ¿El Creador creó seres sin valor, que pueden ser menospreciados y pisoteados? ¿El Amor Perfecto se equivocó en su creación? Rotundamente es un ¡NO! mi respuesta.

En el ejercicio de pensar, cascadas de palabras sin control ni filtro, permean nuestras emociones, paseándonos por parajes calmos y turbulentos, ciertos y supuestos. Obligándonos a sentir vibraciones en ocasiones cómodas y otras muy molestas. Qué mal consejero es el pensamiento sin control ni límite: divisionista, superficial, atenido al qué dirán, prejuicioso y aburrido.

Las buenas amistades no abundan donde el pensamiento sin sentimiento es el abanderado. La amistad sincera debe ‘sentirse’, abrazarse, aceptarse, nacer de pequeños detalles, del compartir desinteresado, sin juicios de valores. Cuando esa semilla emerge del amor verdadero, crea raíces fuertes, y es casi imposible debilitarla. Ella sabe quién es, porqué conoce su razón de ser. La amistad duradera y profunda  no es la que no disiente, es la que no subvalora, la que confía, la que reconoce las victorias de los otros, la que no da cabida a la crítica dañina ni a la malversación.  

Mi mejor amigo soy yo mismo. Me debo respeto y admiración, merezco mi credibilidad y mi confianza. Cuando reconozco en mí el valor inherente, por ser una obra salida de las manos del que todo lo puede, se abren caminos hacia el éxito. Porque el éxito de uno, está en uno mismo.  Solo empezando por el propio amor, puedo amar de verdad. 

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