Opinión | 12:00 AM, 2021-11-25 | Montería

El plagio del año

El plagio del año
Foto:Cortesía.
Por: Daniela Pérez Vásquez
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Recientemente, la Universidad Externado, a raíz de una denuncia hecha por la ONG “Plagio SOS”, ha señalado que Jennifer Arias, la actual presidenta de la Cámara de Representantes, sí cometió plagio en su tesis de maestría. El documento de tesis presentado por la legisladora y su coautora Leydy Largo, arrojó un importante número de “coincidencias” con fuentes de varios autores disponibles en internet, en otras palabras, hicieron un “copiar y pegar” de ideas de otras personas sin darles los créditos, cometiendo así plagio. Arias manifestó encontrarse tranquila pues cree no haber incurrido en esta falta, también tipificada como delito, y espera tener la oportunidad de defenderse ante tal señalamiento. Muchos de sus colegas e internautas han expresado su rechazo ante esta situación y le pidieron renunciar a su cargo alegando cuestiones y principios ético-políticos.

Si bien este acto, en caso de ser cierto, merece todo el rechazo que ha generado, cabe recordar que no es el único que ha acontecido entre quienes pertenecen a las esferas del poder público del país. Dos ministros del actual gobierno también fueron señalados de cometer plagio. Uno, por una universidad holandesa donde cursó estudios doctorales, la cual dijo había incluido en su tesis ideas que presentó como propias, sin serlo, y otro al que se le ha acusado de haber incurrido en plagio en distintos artículos académicos donde aparece su nombre como coautor. Pero, la lista sigue, recordemos el vergonzoso descubrimiento del título falso que un reconocido exalcalde de Bogotá se jactaba de tener, cuando no era cierto; y para poner un cierre, el hecho más reciente y flagrante, los horrores ortográficos del exdirector de las TIC en Neiva, quien no tuvo el cuidado al escribir “Neiva” y “universidad” con b de burro, lo cual expuso su farsa y le costó el cargo.  

Aunque para muchos de cargos públicos de menor rango no se piden requisitos más que ser mayor de edad, bachiller y no tener inhabilidades ni conflicto de intereses, hay ciudadanos que deciden inflar sus logros y reconocimientos académicos en sus hojas de vida, buscando obtener un cargo para el cual no tiene la idoneidad académica necesaria. Es desalentador y preocupante que esta clase de prácticas sigan ocurriendo pues son un mal mensaje y un mal ejemplo para los jóvenes de este país, quienes al presenciar estos sucesos pueden escoger el camino equivocado pensando que aquel que merece reconocimiento es el que más títulos y logros dice ostentar.

Es muy importante que las instituciones educativas desde los primeros niveles escolares le apuesten a la formación basada en ética y valores, censurando a quienes incurran en actos de plagio y falsificación para obtener en cargo público o privado. Es hora de rechazar enfáticamente estos actos de viveza que, desafortunadamente, en muchos casos son cohonestados por funcionarios de las entidades en triste complicidad perpetuando la corrupción, en otras palabras, haciéndose los de la vista gorda y dando vía libre a los más osados.

 

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