Opinión | 12:00 AM, 2022-05-14 | Sincelejo

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo?
Foto:Cortesía.
Por: Olga Leonor Hernández Bustamante
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- Puse kilómetros de distancia para poder empezar a sentirme libre y dueña de mi presente y futuro. Ya mi pasado estaba marcado por esa forma de relacionarnos, ya las huellas de sus palabras y de las mías, de nuestros gritos y discusiones, había quedado en mí. Sin embargo, aun aquí, aun cuando la vida y la razón me muestran que mi situación es nueva y distinta, no perfecta, pero si mejor, sigo huyendo de los recuerdos. Sigo temiendo el momento en que todo se me descontrole y vuelva a ser como antes. Sigo esperando ansiosa que las cosas dejen de funcionar y que la vida en un giro inesperado me devuelva al punto de partida del que salí. ¿Cuándo voy a entender que me pierdo de mi presente para no repetir escenas del pasado? ¿Hasta cuándo voy a estar escapando de un pasado que ya no está?

- Hoy miro hacia atrás y comprendo que mis miedos y frustraciones se interpusieron entre nosotras dos. Cuando ella era pequeña el cansancio, la necesidad de control, la frustración de un matrimonio que andaba a trancazos me convirtió en una madre dura y autoritaria que hoy me da pena admitir que fui. No puedo borrar esa que fui, tal vez podría intentar ahora construir una nueva relación; sin embargo, no me decido a hacerlo, la culpa me detiene, la vergüenza me invade y me quedo con ese abrazo atrapado entre la certeza que todo esto es el castigo merecido por haber sido así. Es la culpa la que no me permite acercarme ahora. ¿Hasta cuándo debo expiar la culpa? ¿Cuándo sentiré que me puedo merecer ese abrazo que necesito?
- No pude decidir que no me ocurriera esa situación, pero me tocó justo a mí. Por mucho tiempo pensé que si hubiera tomado otra decisión no me habría encontrado sometida a tener que vivir todo aquello. Me negué a admitirlo ante los demás por temor a ser juzgada, por evitar un "usted se lo buscó" o un "no seas mentirosa". Me asumí sucia, digna de ser rechazada e insuficiente para los demás. Me acostumbré a mantenerme a distancia con tal de que no percibieran en mí esa mancha oscura que siento que llevo marcada en la frente. Me alejé porque así me sentía más segura, pero me abrumó la soledad y este nudo en la garganta que debo soltar. Me da miedo no encontrar alguien que me acompañe o me impulse ¿Hasta cuándo voy a cargar con el peso de lo que no quiero volver a vivir?

Todas estas historias nos muestran que darle al presente el nuevo lugar que le corresponde es una vía de entrada para transformar la manera de relacionarnos con nuestras historias pasadas y construir presentes llenos de sentido.
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