Opinión | 12:00 AM, 2021-04-08 | Sincelejo

La intranquilidad nos gobierna

Por: Rafael González Martelo
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Los vientos de tranquilidad que se respiraban en nuestro departamento han cambiado de rumbo drásticamente, pues es claro que, todos los días se incrementa el número de homicidios, atracos y robos de alta y poca monta, así como las extorsiones que son el diario sufrir de ganaderos y comerciantes, lo que indica ausencia de gobierno, especialmente en esta materia.


 La inseguridad llegó a Sucre para hacerlo diferente, frente a lo cual el gobierno tiene la imperiosa necesidad de combatirla para que la comunidad pueda estar tranquila en su diario discurrir en procura del desarrollo social y económico, base fundamental de la actividad empresarial, comercial bancaria y demás funciones productivas que deben ser protegidas por el Estado, según claros principios constitucionales.  La criminalidad debe atacarse sin contemplación alguna. El gobernador, como primera autoridad de policía del departamento debe impartir, con prontitud, órdenes en tal sentido, y diligenciar ante el Gobierno nacional, las medidas necesarias para rescatar la tranquilidad del pueblo sucreño.


Es importante revisar el aspecto de inseguridad bajo tres enfoques: legislativo, preventivo y coercitivo. Para abordar el primero, es necesario que el Congreso de la República expida normas mucho más severas contra la criminalidad, es decir, normas que encausen el delito, en concordancia con una nuevo accionar por parte de la administración de justicia, para la revisión urgente de un sistema carcelario adecuado, donde el delincuente se pueda resocializar. También urge la unión del gobierno nacional y los entes territoriales.


El aspecto preventivo, que para nuestra opinión es el más importante, tiene que estar enfocado a rescatar los espacios ciudadanos; a crear conciencia ciudadana, y a cerrar las brechas sociales que existen en nuestro departamento. Para ello existe la imperiosa tarea de investigar los índices de pobreza, y el consiguiente diagnóstico de la enfermedad social, entre ellas la ausencia de cohesión familiar, con la pérdida de la relación de obediencia padres-hijos. Indispensable rescatar los valores en que se funda una sociedad. Y es el Estado, a través de las instituciones el que debe velar porque todo esto se cumpla a cabalidad. Solo así, tendremos un renacer de la sociedad y por ende del ciudadano.


Por último, la coerción, que genera enfrentamientos de la fuerza pública con la ciudadanía, por lo que debe ser utilizada solo para preservar el orden quebrado. Antes de eso y para eso, el gobernante debe expedir decretos, resoluciones y órdenes concretas para los comandantes de la fuerza pública, con la exigencia de resultados. No podemos permitir que la inseguridad se imponga en un departamento que, desde hace mucho tiempo había superado la triste realidad que hoy vivimos.

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