Sincelejo | 12:00 AM, 2020-11-21 | Sincelejo

Las verbenas, lo más añorado del Sincelejo de antaño

"Las visitas al parque Santander los domingos por la tarde eran un plan sagrado de las familias. Eran lo máximo, pero se han perdido las costumbres", dijo el líder.
Tercero Segundo Sotomayor, líder comunal, vivió los mejores momentos de su juventud en el Sincelejo de ayer: tranquilo, seguro y con los brazos abiertos.
Tercero Segundo Sotomayor, líder comunal, vivió los mejores momentos de su juventud en el Sincelejo de ayer: tranquilo, seguro y con los brazos abiertos.
Foto:El Meridiano
Por: Redacción El Meridiano
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La parte cultural y la diversión sana de hace 55 años en Sincelejo es algo que destaca y guarda en sus más bonitos recuerdos Tercero Segundo Sotomayor Álvarez, líder comunitario que ha recorrido mucho mundo, y como dicen los viejos: "No se deja echar cuento de nadie". 
Sotomayor considera que en esos tiempos inolvidables a Sincelejo también le podían llamar la "Ciudad de los brazos abiertos", pues el que llegaba se amañaba y se quedaba radicado en este pedacito de tierra sabanera.
 
Tanto así, que Sincelejo fue apetecida por artistas de la vieja guardia que encontraron aquí un refugio para hacer música, ser más exitosos y radicarse con su familia. 

Así lo experimentaron Calixto Ochoa, Pello Torres, Alfredo Gutiérrez, Miguel Durán y Gilberto Torres, ya que Sincelejo es epicentro cultural y musical.

Este aspecto se veía reflejado en las verbenas o bailes de los que disfrutaban cada fin de semana.
Tal vez estas verbenas son las que más recuerda el sincelejano Tercero Segundo Sotomayor, porque él no se perdía una. A todos lados iba con sus amigos, y como era poco el transporte de la época, programaban las maratónicas caminatas de ida y regreso. Todo por bailar, divertirse sanamente y pasarla bueno con amigos y con el amor de su vida.

Eso sí, algo que defiende a capa y espada este líder, es que todos eran respetuosos, lo que quiere decir, que no había peleas. Si era posible amanecían bailando sin que nadie les perturbara el compartir.

Prestaban las casas
"Las familias que tenían casas grandes las prestaban para las verbenas. Los hombres pagaban por la entrada entre 2 y 3 pesos, depende del sitio, y con las mujeres solo bastaba una sonrisa para que ingresaran a la pista de baile", memoró Tercero Sotomayor.

A los hombres, al momento de entrar, le pintaban la uña del dedo meñique con esmalte rojo, verde o morado. Esto indicaba que había pagado y tenía vía libre para bailar y recorrer toda la pista.  

A Sotomayor le gustaría que estas tradiciones se rescaten al igual  que la solidaridad y la hermandad entre vecinos y familiares, sobre todo en fechas especiales como Semana Santa y Navidad. En estos bonitos tiempos se compartía la comida y al que no tenía se le hacía una colecta.
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