Opinión | 12:00 AM, 2021-10-12 | Sincelejo

Levantar la cara, mirar hacia afuera

Levantar la cara, mirar hacia afuera
Foto:Cortesía.
Por: Rafael Nieto Loaiza
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Colombia tiene una característica singular y curiosa. Siendo el único país de Suramérica con litorales sobre los dos océanos y con miles de kilómetros de mar territorial, zona contigua y zona económica exclusiva, además de un archipiélago precioso, el de San Andrés y Providencia, tiene a cuatro de sus seis ciudades más importantes a centenares de kilómetros de ríos navegables y de sus costas y siempre se ha mirado el ombligo blanco y frío de la capital de la República. De manera que somos un país andino que no se reconoce en sus costas y que, en consecuencia, tradicionalmente tiende a ver hacia adentro y al que le cuesta una barbaridad mirar hacia afuera. 

Esa mirada corta se acentuó por cuenta de los muchos problemas internos y el conflicto armado. Han sido tantas y tan graves nuestras dificultades que por años no ha habido ni tiempo ni interés en examinar los desafíos que están más allá de nuestras fronteras, las oportunidades que nos planteaba el mundo. Esas realidades son razón al menos en parte de la miopía de nuestra política exterior y la debilidad de nuestra Cancillería y de que nuestros empresarios se hayan centrado apenas en el mercado interno. Explican también los motivos por los que importamos mucho y exportamos muy poco y que el grueso de nuestras exportaciones sean de materias primas y poquísimas de valor agregado.

Algo ha cambiado en las últimas tres décadas en nuestra relación con el mundo. En su mayoría como resultado de una modificación sustantiva en la dinámica comercial, la globalización. Una parte indeseada, pero inevitable ha venido también por las características trasnacionales del narcotráfico, que nos puso en el radar de los gringos. Y hoy nos importa también lo que ocurre en la región por cuenta de las amenazas a nuestra seguridad nacional por parte del socialismo del siglo XXI.

Con sus bondades y sus efectos negativos, la apertura comercial de Gaviria nos obligó a ver el panorama internacional, aunque no estuviésemos preparados para enfrentar la competencia de los productos importados. El desafío se profundizó con los tratados de libre comercio para los cuales tampoco nos preparamos y a los que no se les saca el jugo que deberíamos. Y es verdad que hoy los grandes grupos empresariales colombianos, gerenciados por nuevas generaciones educadas con visión global, se han transformado en multilatinas.

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