Opinión | 12:30 AM, 2020-11-21 | Sincelejo

Llamar la atención

Por: Olga Leonor Hernández Bustamante
Síguenos en google news

“No le prestes cuidado, lo que está es llamando la atención”. “Déjalo solo un rato, lo único que quiere es llamar la atención”. “No entiendo esa actitud. Para mí que está llamando la atención”. Todas estas afirmaciones las hemos escuchado o las hemos dicho en algún momento. En ellas queda la sensación flotante de que aquellas personas que quieren llamar la atención no debe ser tomadas en serio. Querer llamar la atención ha sido comprendido (mal comprendido) como una especie de ruido innecesario; como las simples ganas de molestar de otra persona y de satisfacer caprichos superficiales.

Sin embargo, la verdad es que todos y todas necesitamos ser atendidos. Ser atendido significa ser observado, ser valorado, ser visto. Que se consideren mis necesidades como genuinas, que se me valore de tal modo que yo sepa que aquello que soy, importa. Ser atendido va mucho más allá de la pretensión de que me cumplan mis caprichos o se les haga caso a mis pataletas. Muchas veces -la mayoría de las veces- llamar la atención es una manera de decir: AtiendeME, necesito ser visto, necesito aparecer ante tus ojos en este momento y que sostengas mi ansiedad, mi miedo, mi culpa… ValoraME, necesito sentir que me aprecias, que importo y valgo para ti, necesito que tu mirada amorosa me permita verme a mí mismo tal vez con ese mismo amor… MiraME, necesito sentirte cerca, saber que no estoy aislado, saber que puedo ser sostenido por otro.

El afecto, el amor, la búsqueda de compasión y aprecio es parte del combustible que mueve al mundo. ¿Cuántas personas no se han condenado al silencio por sentir que jamás van a ser acogidos y comprendidos? ¿Cuántos gritos son en realidad escondites y pretenden ocultar verdades que siento que van a ser juzgadas? ¿Cuántas personas se sienten invisibles y por ende inservibles o insignificantes? Escribiendo este texto busqué el origen de la palabra atención y encuentro lo siguiente: “derivado de attendere, propiamente, tender el espíritu hacia”. ¡Tender el espíritu hacia!, es el otro, frente a mi diciéndome: Tiende tu espíritu hacia mí. Te necesito cerca, me siento lejos en este momento, sentirme lejos que me genera angustia y dolor. Acércate, que, si puedo saber que tengo tu afecto, puedo estar seguro que soy importante.

Esto nos ubica en un lugar diferente: Si el otro está llamando mi atención, es porque afectivamente se siente alejado, si usa un grito, o una pataleta, o da un portazo, más allá del ruido evidente está enviando un mensaje, me está intentando decir algo sobre sí mismo y su búsqueda de vinculación. La manera de llamar la atención nunca es el fin del comportamiento, es solo un medio para obtener otra cosa: afecto, valoración, protección, cuidado, etc.

El reto está entonces en validar la búsqueda de atención y no la estrategia (posiblemente errada) para obtenerlo. La próxima vez que alguien llame tu atención, tiende tu espíritu hacia esa persona, hacia lo que es, más allá del ruido aparente, esa persona te necesita. 

Powered by Sindyk Content
Arriba