Opinión | 12:00 AM, 2021-04-08 | Redacción

Olor a tierra mojada

Por: José Armando Benítez Tuirán
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¿A quién no le gusta el olor a tierra mojada? A pocos me atrevo a contestar. Es un aroma agradable y cautivante que parece estar impreso en la memoria ancestral del ser humano. Incluso algunos científicos lo han estudiado y atribuyen esa encantadora sensación que percibimos, a la manifiesta necesidad que tenemos del agua para poder sobrevivir.

De pequeños cuando ese olor nos anunciaba un aguacero o una tormenta, solíamos ponernos de buen humor como antesala a esa ducha celestial que remojaría nuestras vidas. Las lluvias refrescan nuestra existencia, sobre todo en climas como el nuestro, de soles especialmente inclementes y de temperaturas extremadamente sofocantes en demasiadas ocasiones.

Por eso la llegada de la época de lluvias, además de regalarnos ese olor placentero a tierra mojada que tantas sensaciones positivas nos produce, nos debería emocionar por el frescor que producirán los primeros aguaceros. Sin embargo, y desgraciadamente no es así. Pues las lluvias aunque refrescan en sus primeras apariciones terminan causando muchos estragos principalmente en la vida de los ribereños del San Jorge, del Sinú y de La Mojana.

Este año se prevé que las inundaciones volverán con más fuerza que años anteriores, se habla de una similitud con lo sucedido con el fenómeno de "La Niña" 2010-2011, una "Niña" que se recuerda por haber sido una de las más fuertes de la historia y por haber tenido una alta incidencia en la región Caribe.

Es probable entonces, que este año tengamos que afrontar situaciones que conlleven a las emergencias socioeconómicas que hemos estado acostumbrados a vivir en años anteriores por este fenómeno, pero con el agravante de estar inmersos en una crisis económica provocada por la pandemia.

Parece ser irremediable e interminable para los pueblos de Córdoba, de Sucre, de Bolívar y de Antioquia el temor a que llegue la época de lluvias, cuando realmente debería poder ser esperada como una verdadera bendición. Es la suerte que les ha tocado a los pueblos ribereños, especialmente a los de La Mojana, pero también a los del Sinú y del San Jorge.

Nuestros campesinos imploran un invierno en su justa medida, así como lo recogiera el gran Alejo Durán hace más de 50 años en la canción "el verano", los pueblos ribereños viven deseando que se repitan los fuertes veranos para ver si no se anegan.

Ojalá que las administraciones públicas en un futuro no muy lejano puedan solucionar de manera definitiva los riesgos de inundaciones en todo el Caribe Colombiano. Mientras tanto, roguemos a Dios a que la "Niña" no se ensañe más con este pueblo que no aguanta una tragedia ni una crisis económica más. 

Que Dios nos ampare, y que el olor a tierra mojada, evoque siempre buenos momentos.

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