Opinión | 12:00 AM, 2021-09-14 | Sincelejo

Retorno a la felicidad

Retorno a la felicidad
Foto:Cortesía.
Por: Érika Ahumada Rodríguez
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Un día de un mes de un año, por todos los medios posibles, llegó a nuestros oídos una noticia que cambiaría el rumbo de muchos de nuestros procesos y acciones humanas: el inicio de una pandemia a causa de un virus denominado coronavirus de tipo 2, causante del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV-2). Esto generó pánico, miedo, decisiones que afectarían el normal funcionamiento humano, angustia y una serie de situaciones desencadenantes que nos golpearon de manera vehemente y significativa. Por supuesto que aparecieron una serie de restricciones.  Se identificó que la población más afectada serían los adultos mayores, las personas con comorbilidades. Se cerraron todos los lugares que fueran necesarios y nos conminaron a estar encerrados por un tiempo considerable. Hubo una decisión que golpeó fuerte y con consecuencias aún indefinidas: el cierre de las escuelas. Esto por supuesto, envió a los niños a sus casas, sin poder salir, sin jugar, sin relacionarse, sin poder compartir, incluso con sus seres queridos.   

La situación era caótica y muchos de ellos, por sus edades y algunos por sus intereses, no entendían qué estaba pasando. Confinados en espacios reducidos, frente a una pantalla de computador, un celular y algunos sin comunicación por sus condiciones socioeconómicas, disparó todos los escenarios posibles de afectación socio-emocional en los niños.  Esta situación hoy tiene consecuencias: alrededor de 1 de cada 5 niños (19,5%) desarrollaron miopía entre enero y agosto de 2020. Este crecimiento significativo está relacionado con el número de horas conectados a una pantalla y el poco contacto con la luz solar, necesaria para la alimentación vital de órganos como la visión. Es necesario retornar a la esperanza, a la búsqueda de soluciones de los problemas económicos, a la comunicación afectiva, a la necesidad que tenemos los seres humanos en todas las etapas sociales, pero determinantemente en la infancia, de socializar, de jugar, de interactuar como lo que somos: seres sociales y en comunicación permanente de procesos transformadores de vida humana.  Hoy que ya es una realidad el retorno, hemos de luchar de manera incansable por volver a la felicidad del encuentro. En nuestro departamento el regreso ha sido de manera paulatina, pero progresivo. A corte del 11 de agosto pasado, según la Secretaría de Educación de Sucre, 25.385 estudiantes han retornado a las aulas, lo que representa el 18 % de la población estudiantil. En Sincelejo, 31 de las 35 instituciones oficiales han vuelto a la presencialidad.

Han hecho lo propio 10.690 estudiantes. Es, a todas luces, una noticia esperanzadora.  La escuela es un espacio fundamental en esta misión titánica que tenemos todos de regresarles a los niños esos espacios, que son de ellos y para ellos, buscando acciones de priorización sobre la necesidad de estar en contacto con el otro.
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