Vida Hoy | 12:00 AM, 2022-06-19 | Redacción

Sergio Restrepo, 33 años después

El padre Sergio, dejó un legado perenne y de grandes servicios para la comunidad tierraltense: Una biblioteca, un museo arqueológico, una emisora y la arborización del parque central de la localidad, entre otras obras.
Sergio Restrepo, 33 años después
Foto:Archivo particular.
Por: Redacción El Meridiano
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Por Jaime Montoya Coronado. 

Cómo olvidar al padre Sergio Restrepo Jaramillo, quien fue mi amigo desde que el profesor José Galeano nos presentara en la sede de la Fundación del Sinú en Montería, a él, le quedó sonando mi apellido. 'Usted que parentesco tenía con don Gumersindo Montoya'?, le respondí que era nieto. 'Su abuelo fue un gran hombre, el historiador Gustavo White lo llamó -el guaquero científico-'. Mi abuelo paterno había llegado procedente de Antioquia al territorio finzenú, hoy Betancí, guiado por cronistas de la colonia como Fray Pedro Simón.

Esta amistad personal duró hasta que las balas asesinas acabaran con su vida, un día como hoy hace 33 años, el 1 de junio de 1989, cuando el religioso como era tradicional, adelantaba los preparativos para celebrar el día del campesino en Tierralta, donde se desempeñaba como vicario de la parroquia de esta localidad del Alto Sinú.

 Había llegado a este municipio cordobés a finales de los 70s, en misión encomendada por la Compañía de Jesús a la que pertenecía, y en la que puso en práctica su innata sensibilidad social y la de persona humanista que lo caracterizaba, ante la inconformidad de campesinos  e indígenas embera que habitaban la región que veían amenazado su territorio por la presencia de grupos al margen de la ley que ingresaban a la zona interesados en el dominio por el potencial económico que poseía.

Su actividad no fue bien vista por estas organizaciones que consideraban su labor afín con las acciones de grupos antagónicos que operaban en la reserva del Paramillo.  

Ese tal vez, fue el comienzo de un seguimiento, que se acentuó con las denuncias que hacía el padre Sergio desde el púlpito en sus habituales eucaristías. Él lo presentía y haciendo alarde del poeta que llevaba por dentro escribió de su puño y letra, la que sería su triste despedida: 'En unos cuantos metros cúbicos de aire y noche, poned este epitafio que es toda mi fortuna: aquí reposa Sergio, señor de nubes y sueños, quien gastó sus riquezas de amor y poesía, al quedar tan limpio como esta limpia fosa. Si algún rumor del mundo quereís a su retiro traerle, solamente dadle el del ancho mar, y si osais algún día dibujar su retrato, decid fue un navegante varado en tierra firme que buscó siempre en el amor en las rutas incógnitas de la inefable rosa de los vientos. Creyó en la vida, hizo de la amistad su lema, su existencia fue un sueño, y a su muerte devolvió a Dios su alma y reintegró a la tierra lo que ella le había dado: Un efímero nombre, y un puñado de huesos'.

 El padre Sergio, dejó un legado perenne y de grandes servicios para la comunidad tierraltense: Una biblioteca, un museo arqueológico, una emisora y la arborización del parque central de la localidad, entre otras obras. 

Era restaurador y coleccionista de cerámicas indígenas. Además de su formación como teólogo había estudiado botánica, siendo descubridor de variedades de orquídeas en distintos puntos de la geografía colombiana.   

 Había nacido en Medellín  el 19 de julio d 1939, del hogar del exalcalde de esta capital Jorge Restrepo Uribe. Estaba a pocos días de celebrar sus 50 años, cuando cayó asesinado frente a la iglesia del pueblo por hombres que se movilizaban en motocicletas. Pese al señalamiento de los tangueros como responsables del crimen, el caso sigue en la impunidad.


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