Opinión | 12:00 AM, 2021-10-21 | Sincelejo

Sin pétalos para Rosa

Sin pétalos para Rosa
Foto:Cortesía.
Por: Redacción El Meridiano
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El colorido de su típico atavío contrasta con el semblante ensombrecido por su historia personal. A sus trece años, los padres de Rosa Epiayú arreglaron su matrimonio con un hombre mayor, quien más que su marido sería su dueño. Esa práctica “cultural” que se mantiene viva en la guajira mercantiliza la vida de las mujeres wayuu, les arrebata la vida y con ella los sueños.

El arraigo del machismo en el caribe tiene tanto los matices ancestrales que se viven en la península como esos cotidianos que con cierta frecuencia derivan en escalofriantes variantes de violencia de género que llenan con lágrimas y sangre de mujer los titulares de la prensa. El espectro más amplio de esta realidad muestra casos aparentemente inofensivos y ungidos por la moda, como videoclips musicales en los que el macho dominante animaliza a unas mujeres u otros en los que alguien saca a pasear por las calles a una mujer encadenada; y de ahí a las muestras más macabras del daño que le hace a nuestra sociedad esta cultura machista y misógina que la sigue adoctrinando efectivamente: como que un hombre asesinó a su mujer embarazada en San Onofre (Sucre) y que otro más accedió a cualquier herramienta doméstica para acribillar a su esposa en Sincelejo. ¡Vivimos en las cavernas!

La necesidad de competitividad y de trascender como comunidad tiene en la ecuación como elemento irremovible la vida de la mujer, pieza clave para la humanización de una sociedad enferma y anclada a ese rancio pasado que pasa por alto la necesidad de cambio solo porque el protagonismo no es exclusivo de varón elegido; y aquí se me hacen pertinentes las palabras del Poeta Rainer M. Rilke de 1904, que reflexionaba así: “… Aparecerá la mujer cuyo nombre no significará, solo algo opuesto al hombre, sino algo propio, independiente. Nada que haga pensar en complemento ni en límite, sino tan solo en vida y en ser: el Humano femenino…”

La visión de Rilke en la vida actual permite recodificar elementos habituales de nuestra relación con el Humano femenino, como ese eufemismo halagüeño que dice que a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa. Este “piropo” encierra un mensaje machista que se refiere solo a la ofensa física y que confirma que la fuerza es la determinante. Por eso prefiero la poesía que resalta el valor de las otras Rosas y no la que enmascara el sometimiento de la mujer.

*Carta N.º 7 del libro Cartas a un Joven Poeta.

 

 

 

 

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